EN LA OSCURIDAD DE LA PANDEMIA SE PRESENTA “ZACATECAS: UNA ESPERANZA”

EN LA OSCURIDAD DE LA PANDEMIA SE PRESENTA “ZACATECAS: UNA ESPERANZA”

Por Filomeno Pinedo Rojas

En este país abundan los profetas del desastre, la oscuridad y desazón, especialmente en medio de la pandemia que angustia a ricos y pobres, buenos y no tan buenos, pero, de lo que se trata, es de encontrar a quien te muestre un sendero, una luz, aunque tenue, que te permita dar el siguiente paso sin temor a hundirte mas en la ciénega plagada de restos pútridos y malolientes de quimeras pasadas.

En la lectura del libro recién escrito y divulgado por David Monreal Ávila, bajo el título “Zacatecas: Una Esperanza”, encontré, precisamente, el esfuerzo por mostrar que la que denominaré década perdida en nuestro estado -2010-2020-, debe quedar como lección de lo que no debemos hacer y, que, con la sinergia de los sectores productivo, académico, sociedad, y el gobierno, es posible y viable la reconversión de la entidad para darle un futuro de desarrollo donde todos se beneficien.

Sin desligar la precaria situación en que vivimos los zacatecanos en todos los aspectos y de la casi postración, en que nos puso la pandemia que recorre el mundo y estas tierras, el autor es lúcido al exponer desde el principio que “los estragos económicos y sociales del Covid-19 afectarán en mayor proporción a los grupos más vulnerables, por lo que es de esperarse que los estados con mayor índice de pobreza y una economía poco desarrollada -como desafortunadamente es el caso de Zacatecas- también serán los más afectados, mientras que los estados que cuenten con una economía más dinámica serán los primeros en recuperarse”.

Queda claro el reto que tenemos los zacatecanos si no queremos ser los últimos en superar la difícil situación presente y la que está por venir. Y aunque no está precisado en sus metas, el hecho de mencionar algunos de los objetivos del desarrollo sostenible de 2030 la ONU, como “el fin de la pobreza, hambre cero, trabajo decente y crecimiento económico e, industria, innovación e infraestructura”, muestra cuales son los horizontes que guían el andar del autor.

El autor, David Monreal, señala que “la meta es generar riquezas y beneficios para todos” y no olvida que “necesitamos seguridad, educación, bienestar y protección social, salud, empleo, vivienda digna, funcionarios con vocación de servir, administración fiscal responsable, transparencia, justicia y Estado de derecho, servicios públicos eficientes, fomentar una cultura democrática y una ciudadanía participativa”, todo ello con inclusión de los diferentes sectores sociales, del campo y de la ciudad, que mantenga presente la política transversal de la equidad de género, reivindicando el papel relevante de la participación de la mujer en todos los órdenes: político, económico y social.

En su primer capítulo ¿qué pasa con zacatecas”, se da a la tarea de presentar el hoy de nuestro estado, y para quienes se interesen por conocer como nos encontramos en los distintos ámbitos, encontrarán las fortalezas, que son muchas, y las debilidades que nos hacen aparecer en los últimos lugares de desarrollo humano, crecimiento y pobreza a nivel nacional. Para nada es un desperdicio conocer, con datos duros, la difícil situación en que vivimos los zacatecanos y como dejamos crecer de más de un 4 por ciento del producto interno bruto del país entre 1999 y 2010 a menos del uno por ciento en la segunda década del siglo XXI que, irónicamente, -lo digo yo- corresponde a los dos últimos sexenios priístas que gobernaron nuestra entidad.

Queda claro que los envíos de dólares enviados a sus familias por los migrantes zacatecanos que dedican su esfuerzo productivo en Estados Unidos, son el pilar de sostenimiento de decenas de miles de familias zacatecanas, mucho más que el monto de las exportaciones que hacen las mineras extranjeras que dominan la extracción de metales preciosos zacatecanos, que no ha cesado desde la época colonial, por lo que para los “braceros” y sus remesas, también tiene propuestas claras.

Como conocedor del territorio zacatecano y sus potencialidades, David no difunde recetas generales en su libro, sino que, por el contrario, convoca a una consulta-diálogo con todos los actores de la actividad económica y social, de manera regional, para que sean los protagonistas directos de la vida en cada lugar, quienes orienten, promuevan y hagan propios los esfuerzos para superar la situación en la que nos encontramos.

No paso por alto que, en el transcurso de la lectura, el autor convoca por decenas de veces, la intervención de los académicos, especialmente de las instituciones de educación superior, a participar de los esfuerzos por darle futuro a Zacatecas, junto con los empresarios, el gobierno y los sectores sociales productivos expresados en los micro, pequeños y medianos empresarios, que son el pilar de la vida económica del estado y posibilitan que nuestra sociedad, hoy, no colapse.

Igualmente menciona, y coincido, que el Estado debe asumir una alta responsabilidad en toda actividad que esté encaminada a permitir a los zacatecanos elevar su calidad del mas pobre de la región, a competir con los estados vecinos, utilizando las potencialidades que tenemos, sirviendo como soporte de la generación de oportunidades, e incluso, entrando al quite de las empresas cuando así lo demande el camino hacia el bienestar social, porque hay actividades no lucrativas pero si esenciales para lograr los objetivos del bienestar y justicia de todos los ciudadanos.

Muy audaz me pareció el autor de este libro, quien es aspirante a candidato a gobernar nuestro estado, al presentar no solo el diagnóstico sino su visión del Zacatecas que anhela, porque el que habla se compromete y el que escribe, se compromete más, y no he conocido hace años, a ningún zacatecano que exprese con claridad lo que guía su vida, en función de su visión social, no individual.

Por último, expreso mi reconocimiento a David Monreal y le digo que compaginamos. Cumpliremos con el momento histórico que nos corresponde. Como alguien dijo “con el pueblo todo, sin el pueblo nada”, lo que me hizo recordar a Denis Diderot, que entre sus frases más célebres escribió: “No hay soberano verdadero excepto la nación; no puede haber un verdadero legislador excepto el pueblo”, y así debe ser.

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